El arte dominicano producido desde la Independencia en 1844 tiene sus antecedentes históricos en las pictografías taínas, la cerámica y otras producciones «menores», y en la pintura y escultura religiosas españolas traída por los conquistadores desde los viajes de Colón.
Los primeros maestros en artes plásticas dominicana se remontan a los años treinta. A lo largo de las últimas siete décadas, la Escuela Nacional de Bellas Artes es la principal casa de estudios de donde proceden los más renombrados artistas plásticos dominicanos.
La Escuela Nacional de Bellas Artes, una de las instituciones con las que Rafael Díaz Niese inicia la primera política cultural dominicana en plena dictadura trujillista, es el ámbito de acción de otra figura señera, la pintora Celeste Woss y Gil. Esta excepcional cultivadora del retrato y el desnudo, hija del ex presidente Alejandro Woss y Gil fue la única artista dominicana tan absolutamente al día con la cultura de su época que pudo formar parte del profesorado de la Escuela.
Años cuarenta.
La influencia que se inicia con los propios maestros europeos, y la presencia de un desarrollo plástico dominicano preexistente da lugar al surgimiento de un arte con identidad propia, dada por los contenidos cifrados en el hombre antillano y la naturaleza, por el aspecto radiante de la luz e incluso por nuevos materiales que incitan a la experimentación. Marianela Jiménez, Clara Ledesma, Noemí Mella, Elsa Divanna, son algunos de los nombres más representativos de una generación de egresados de la Escuela Nacional de Bellas Artes en que se destacan las pintoras.